Libros de Siri Hustvedt

En estos ensayos conviven dos características, su extrema capacidad analítica de la sociedad y un notable interés por lo autobiográfico. Centrado en el eje de la realidad y la ficción, este volumen brinda una nueva entrega de una de las autoras más interesantes del panorama literario actual....


El aprecio por un cuadro de Bill Wechsler lleva al historiador de arte Leo Hertzberg a querer conocer a su autor. Una profunda amistad, basada por igual en afinidades y contrastes, los unirá desde entonces, e incluirá asimismo a sus familia. A lo largo de los años tres mujeres orbitan en su universo: Erica, la hermosa profesora casada con Leo, y las dos esposas del pintor. La primera Lucille, e...


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La de Siri Hustvedt es una poesía hecha de lugares cotidianos, de instantáneas, de rostros y recuerdos que cobran sentido a través de una sintaxis que entablan por su cuenta los objetos. Los poemas de Leer para ti son inventarios de pequeños universos, versos que nacen de una retina acostumbrada a ensoñarse en la contemplación de la pintura. Hay uno que habla de una carta olvidada en un taxi...


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Nunca me enamoran los cuadros que puedo abarcar por entero; mi amor necesita tener la sensación de que algo se me escapa...» Para Siri Hustvedt el atractivo de un cuadro radica en su misterio, pues, más allá de lo visible, el rectángulo del lienzo es una ventana abierta a un mundo donde el pintor ha dejado parte de sí mismo. A veces en sus trazos; otras, en ciertas referencias en apariencia ...


Pocos días después del funeral del padre, Erik Davidsen y su hermana Inga encuentran entre los papeles del muerto una breve nota del año 1937 que alude a una tragedia, quizá un asesinato. Erik es psicoanalista, un hombre que escucha relatos. Inga es escritora, y en su último libro habla de los recuerdos que son vueltos a imaginar en palabras. A partir de entonces, los hermanos intentan recons...


Mientras hablaba en un homenaje que le hacían en la universidad a su padre, fallecido dos años antes, Siri Hustvedt comenzó a temblar. Pudo terminar su discurso aunque sus brazos y sus piernas se estremecían de un modo casi incontrolable. Era como si se hubiera vuelto dos personas, una oradora serena, y la mujer que tem­blaba. Los ataques se repitieron. Ésta es la lúcida crónica de la...