Libros de Anthony Masters

Terroríficas apariciones ocurren cuando los cazadores de fantasmas, David y Jenny, andan por ahí... “Súbitamente, David y Jenny vieron los rostros. Enormes e hinchados, entre las olas... los rostros de los ahogados. Rasgos hinchados, piel fláccida, labios bulbosos y ojos marchitos... en la ola que se elevaba cada vez más alto, arrastrándolos hacia el pueblo en ruinas bajo el mar......


Terroríficas apariciones ocurren cuando los cazadores de fantasmas, David y Jenny, andan por ahí... “Entonces todo el túnel cobró vida con una enceguecedora luz blanca, y una larga hilera de ratas corrió a esconderse. Sombras se levantaban de las paredes, sombras que se movían, que corrían. No sólo estaban iluminadas las paredes del túnel sino también el techo, como si estuviera...


Terroríficas apariciones ocurren cuando los cazadores de fantasmas, David y Jenny, andan por ahí... “Había pájaros por todos lados... De pronto, todos alzaron vuelo y se lanzaron hacia abajo en formación, una negra nube que tapaba la luz. Por un momento, acosaron a David, aleteando en su cara, y él pudo oler sus acres cuerpos hasta que volaron como un rayo hacia la cocina. Agitando...


Terroríficas apariciones ocurren cuando los cazadores de fantasmas, David y Jenny, andan por ahí... “El estrépito era ensordecedor. En el altillo abandonado saltaban las pelotas y un tren eléctrico descontrolado corría en círculos. Con repentina ferocidad, el bate estrelló la pelota de criquet contra la ventana y el vidrio roto saltó en pedazos...”...


Terroríficas apariciones ocurren cuando los cazadores de fantasmas, David y Jenny, andan por ahí... “—Veo a través de ese perro —dijo Jenny, la voz vacilante y los ojos fijos, como si estuviera tratando de enfocar con la vista algo que tenía delante. —¿Cómo? —preguntó David a su hermana, de mal humor... Un escalofrío de sorpresa recorrió todo el cuerpo de David. De pro...


“David aún la estaba mirando, pero ya no pedía su ayuda. En cambio, era hostil y amenazante. Jenny podía también oler algo. ¿Qué demonios...? —Lárgate de nuestro cuarto —dijo él con una voz que era sorprendentemente distinta de la suya propia, ronca y arrogante. —¿El cuarto de quién? —preguntó ella, tratando de conservar su ánimo, pero fallando. —No queremos que esté...